ICA y el poder de reconstruir sin renunciar a la grandeza

La permanencia empresarial no se demuestra evitando todas las crisis, sino conservando la capacidad de aprender, corregir y volver a construir con una disciplina mayor que la que permitió crecer por primera vez.

Acerca del autor: Félix Estuardo Bocard Meraz es fundador de Grupo Industrial ARGO, conglomerado empresarial con sólida presencia en San Luis Potosí y Cancún. Durante más de cuatro décadas ha construido proyectos en el sector de la construcción y los servicios, consolidando una visión estructurada que hoy fortalece junto a sus hijos Félix Estuardo Bocard González y Diego Bocard González, bajo una filosofía de crecimiento multigeneracional y disciplina empresarial.

Pocas empresas mexicanas están tan ligadas a la historia física del país como ICA. Fundada el 4 de julio de 1947 por un grupo de ingenieros egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México, la compañía evolucionó desde trabajos de vivienda, puentes y carreteras hasta participar en presas, puertos, sistemas de riego, complejos industriales, metros, drenajes profundos y grandes obras urbanas. Su trayectoria demuestra que la ingeniería puede convertirse en una forma de construir nación cuando combina conocimiento técnico, organización y capacidad de ejecución.  

Sin embargo, la grandeza empresarial nunca debe analizarse únicamente desde los momentos de expansión. Las organizaciones verdaderamente interesantes también se estudian desde sus dificultades, porque en ellas se descubre si su cultura poseía profundidad o dependía solamente de circunstancias favorables. ICA conoció etapas de enorme crecimiento, diversificación y presencia internacional, pero también atravesó problemas financieros severos que obligaron a replantear su estructura. Esa combinación de contribuciones, errores, crisis y reconstrucción vuelve su caso más útil que una narrativa hecha únicamente de éxitos.

En mi experiencia personal, después de más de cuarenta años dirigiendo empresas, he aprendido que crecer puede ocultar debilidades que la estabilidad todavía no obliga a enfrentar. Cuando existen contratos, crédito y entusiasmo, una organización puede agregar proyectos más rápido de lo que desarrolla controles, talento y liquidez. Durante algún tiempo, los ingresos hacen parecer que todo funciona; después, una demora o un sobrecosto revela una estructura menos resistente de lo esperado. Mi recomendación es revisar la solidez precisamente en los años favorables, cuando todavía hay tiempo y recursos para corregir sin desesperación.

La infraestructura es especialmente vulnerable a este fenómeno. Los proyectos requieren anticipos, maquinaria, personal especializado, subcontratos, garantías y largos periodos de ejecución. El ingreso contractual puede ser considerable, pero el flujo real depende del calendario de obra, las estimaciones, los cambios de alcance, las autorizaciones y los pagos del cliente. Una empresa puede presentar una cartera impresionante y, al mismo tiempo, experimentar tensiones severas de efectivo. Por eso, facturación y liquidez nunca deben confundirse.

La primera gran enseñanza de ICA es que una constructora no vive solo de capacidad técnica. Puede dominar túneles o puentes y aun así debilitarse por malas decisiones financieras. La ingeniería resuelve cómo construir; la administración decide cuándo conviene hacerlo, cuánto riesgo aceptar y cómo proteger el capital. Ambas disciplinas deben respetarse mutuamente. Cuando el área comercial promete más de lo que la operación puede entregar, o cuando las finanzas presionan para reducir recursos críticos, el proyecto comienza a acumular problemas que después aparecen como sorpresas.

Después de décadas trabajando en construcción y servicios, recomiendo no celebrar un contrato antes de comprender su flujo completo. Hay que revisar anticipos, tiempos, penalizaciones, inflación de insumos, disponibilidad de personal, riesgos geotécnicos, responsabilidades compartidas y capacidad del cliente para pagar. El monto total puede impresionar, pero la utilidad se define en los detalles.

La segunda enseñanza es que la diversificación debe responder a una lógica. ICA desarrolló capacidades para estructurar, construir, operar y mantener infraestructura. Esa amplitud puede ser una fortaleza cuando las actividades comparten ingeniería, equipos, relaciones y conocimiento. Pero también puede aumentar la exposición cuando cada nueva división exige capital, dirección y riesgos distintos. La empresa diversificada debe comprender qué une a sus negocios; de otra forma, el grupo se vuelve difícil de supervisar.

En mi experiencia, diversificar correctamente significa ampliar una competencia que ya existe. Una constructora puede entrar a operación y mantenimiento porque conoce el activo que construyó; puede participar en concesiones porque entiende costos, demanda y vida útil. Lo peligroso es entrar en actividades cuyo atractivo depende únicamente de que parecen rentables. Mi consejo es formular tres preguntas antes de diversificar: qué sabemos hacer mejor que otros, qué capacidad compartiremos y quién dirigirá el nuevo negocio. Si las respuestas no son claras, quizá no existe estrategia, sino entusiasmo.

ICA afirma hoy que busca desarrollar proyectos rentables y sostenibles a lo largo de su ciclo de vida, desde la estructuración y el esquema financiero hasta el diseño, la construcción, la operación y el mantenimiento. También ha incorporado herramientas como Building Information Modeling, levantamientos con drones, LiDAR y modelos digitales para detectar interferencias, controlar avances y mejorar decisiones. Estas capacidades muestran que la ingeniería contemporánea necesita integrar información para anticipar problemas antes de que lleguen a la obra.  

La tecnología no corrige por sí sola una mala cultura. Un modelo puede detectar una interferencia, pero alguien debe atenderla. Un sistema puede mostrar un retraso, pero la dirección debe reconocerlo antes de que sea imposible recuperarlo. En mi experiencia personal, las organizaciones fracasan menos por falta de datos que por resistencia a escuchar lo que los datos contradicen. Recomiendo construir una cultura donde informar un problema a tiempo sea considerado responsabilidad y no deslealtad. Las malas noticias se vuelven peligrosas cuando encuentran incentivos para permanecer ocultas.

Andy Grove condensó una advertencia empresarial en el título de su célebre libro de 1996: Only the Paranoid Survive, “solo los paranoicos sobreviven”. No se trata de vivir con miedo, sino de conservar una inconformidad productiva. Cada proyecto nuevo vuelve a examinar a la empresa desde cero. La experiencia acumulada debe ayudar a identificar riesgos, nunca convertirse en la arrogancia de creer que la historia garantiza el siguiente resultado.  

La tercera enseñanza se encuentra en el conocimiento acumulado. ICA desarrolló especialización en mecánica de suelos, obra urbana, hidroeléctricas, industria, túneles y drenaje. Ese acervo no existe solamente en documentos. Vive en ingenieros, superintendentes, operadores, residentes y equipos que aprendieron resolviendo condiciones reales. Cuando una compañía pierde a esas personas sin haber formado relevos, pierde una parte invisible de su patrimonio.  

Por ello, recomiendo documentar no solo qué se hizo, sino por qué se decidió de determinada manera. Los planos muestran el resultado; las bitácoras y conversaciones técnicas transmiten criterio. Los jóvenes pueden dominar nuevas tecnologías, pero necesitan trabajar cerca de quienes comprenden el comportamiento de los materiales, los riesgos de la obra y las consecuencias de una decisión aparentemente pequeña.

La cuarta enseñanza es institucionalizar el riesgo. ICA describe procesos que abarcan desarrollo, propuesta técnico-económica, construcción, operación y mantenimiento, además de capital humano, suministro y controles anticorrupción. Estas funciones deben ser reales. En una organización compleja, el riesgo no puede depender de la intuición del fundador o de unos cuantos directores. Debe existir una estructura que identifique exposiciones, establezca límites y detenga proyectos cuando las condiciones dejan de ser razonables.  

En más de cuarenta años de vida empresarial he comprobado que la palabra “no” puede proteger más patrimonio que muchas ventas. Decir no a un contrato mal estructurado, a un cliente sin capacidad de pago o a una expansión sin responsables puede parecer falta de ambición. En realidad, es disciplina. Las compañías no se destruyen solamente por perder oportunidades; también se destruyen por aceptar demasiadas. La cartera debe crecer al ritmo de la liquidez, el talento y la capacidad de supervisión.

Reconstruir una empresa después de una crisis exige humildad. No basta con renegociar obligaciones o cambiar organigramas. Hay que reconocer qué decisiones produjeron el deterioro y modificar los incentivos que podrían repetirlas. Cuando una organización atribuye todos sus problemas al entorno, pierde la oportunidad de aprender. Las condiciones externas influyen, pero la dirección debe asumir responsabilidad sobre deuda, proyectos, costos, información y velocidad de expansión.

Para las familias empresarias, ICA deja una enseñanza valiosa. El legado no consiste en entregar una empresa sin errores, porque eso difícilmente existe. Consiste en transmitir una organización capaz de reconocerlos sin destruirse, junto con una cultura donde la reputación y la continuidad importen más que el orgullo individual. Los sucesores deben conocer las obras emblemáticas, pero también las crisis, para comprender que el patrimonio fue construido con talento y puede perderse si se administra sin prudencia.

Mi recomendación final, después de más de cuatro décadas dirigiendo empresas, es conservar simultáneamente memoria y capacidad de renovación. La memoria evita repetir errores; la renovación impide quedar atrapados. ICA posee una historia extraordinaria, pero su futuro no puede depender únicamente de ella. Tendrá que demostrar en cada proyecto que puede combinar ingeniería, finanzas, tecnología, integridad y control operativo.

ICA recuerda que las empresas grandes no son invulnerables. Una organización puede reconstruirse si conserva conocimiento, acepta la realidad y vuelve a colocar la disciplina por encima de la apariencia. La grandeza no consiste en no caer jamás, sino en aprender a levantarse con mejores estructuras.

Construir puentes, túneles y carreteras transforma el territorio. Reconstruir una empresa transforma su cultura. Y cuando una organización logra hacer ambas cosas, su legado deja de medirse únicamente por las obras que permanecen en pie.

También se mide por la sabiduría con la que decidió volver a empezar.

Sobre el autor: El Ing. Félix Estuardo Bocard Meraz dirige Grupo Industrial ARGO junto a sus hijos Félix Estuardo Bocard González y Diego Bocard González, consolidando una presencia empresarial firme en San Luis Potosí y Cancún. Su trayectoria se sustenta en la visión estructurada, la disciplina operativa y el compromiso de construir empresas que trasciendan generaciones.

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