En infraestructura, la verdadera calidad no se demuestra cuando una obra es nueva, sino cuando, después de años de operación, continúa siendo segura, funcional y capaz de responder a las necesidades de una sociedad que no deja de cambiar.
Acerca del autor: Félix Estuardo Bocard Meraz es fundador de Grupo Industrial ARGO, conglomerado empresarial con sólida presencia en San Luis Potosí y Cancún. Durante más de cuatro décadas ha construido proyectos en el sector de la construcción y los servicios, consolidando una visión estructurada que hoy fortalece junto a sus hijos Félix Estuardo Bocard González y Diego Bocard González, bajo una filosofía de crecimiento multigeneracional y disciplina empresarial.
La infraestructura vial suele juzgarse por lo visible: kilómetros construidos, puentes, distribuidores, túneles, casetas y grandes estructuras de concreto. Sin embargo, el valor verdadero de una autopista no se encuentra únicamente en su dimensión física, sino en la manera en que transforma el tiempo de quienes la utilizan. Una vía bien concebida puede acercar zonas industriales, reducir recorridos, facilitar el comercio, mejorar la conexión entre municipios y elevar la competitividad de una región. Una vía mal operada, en cambio, puede convertirse en fuente permanente de riesgo, frustración y pérdida económica.
Aleatica representa un caso relevante porque su actividad no se limita a construir infraestructura, sino a operar soluciones de movilidad durante periodos prolongados. En México administra siete autopistas de peaje y un aeropuerto, dentro de un portafolio que incluye activos como el Circuito Exterior Mexiquense, el Viaducto Bicentenario, la Autopista Urbana Norte, la Supervía Poetas, el Libramiento Elevado de Puebla y la Autopista Amozoc-Perote. La propia compañía define su enfoque alrededor de la movilidad inteligente, segura y sostenible, reconociendo que el usuario ya no evalúa solamente si existe una carretera, sino cómo funciona todos los días.
Ese cambio de perspectiva es fundamental. Durante mucho tiempo, algunas empresas de infraestructura actuaron como si su responsabilidad principal concluyera con la entrega de la obra. La operación se consideraba una etapa posterior, casi administrativa. La realidad demuestra lo contrario. Una infraestructura concesionada comienza verdaderamente a probarse cuando entra en servicio y debe responder durante años al tráfico creciente, los accidentes, el desgaste, los fenómenos meteorológicos, los cambios urbanos, las nuevas tecnologías y las expectativas cada vez más altas de los usuarios.
En mi experiencia personal, después de más de cuarenta años dirigiendo empresas, he comprobado que construir suele concentrar entusiasmo, mientras mantener exige carácter. La inauguración tiene fecha, fotografía y reconocimiento; la conservación es silenciosa, repetitiva y rara vez recibe aplausos. Sin embargo, es precisamente ahí donde se protege el patrimonio. Mi recomendación es que todo empresario que adquiera o desarrolle un activo importante calcule desde el principio cuánto deberá reinvertir para mantenerlo competitivo. Lo que no se conserva comienza a perder valor mucho antes de que la contabilidad lo reconozca.
La seguridad vial ocupa un lugar central en este modelo. Una carretera de peaje no puede justificar su tarifa únicamente por ahorrar tiempo; debe ofrecer mejores condiciones de circulación, atención a incidentes, señalización, vigilancia y mantenimiento. Aleatica informó que varias de sus concesiones en distintos países recibieron certificación del International Road Assessment Programme por alcanzar estándares de tres estrellas o más. De acuerdo con la empresa, fue la primera organización en obtener esta certificación para múltiples activos en distintos países, incluyendo carreteras ubicadas en México.
La seguridad no debe entenderse como un departamento separado de la rentabilidad. Un accidente grave produce consecuencias humanas irreparables, pero también afecta continuidad, reputación, costos y legitimidad. La empresa verdaderamente profesional comprende que prevenir no es gastar de más; es evitar pérdidas que podrían comprometer años de trabajo. La dificultad consiste en que los beneficios de la prevención son invisibles: nadie celebra el accidente que no ocurrió, la falla detectada a tiempo o el componente sustituido antes de provocar una interrupción.
En mi experiencia, los negocios más vulnerables son aquellos donde la ausencia de problemas se interpreta como prueba de que los controles son innecesarios. Cuando durante años no ocurre una contingencia seria, algunas personas empiezan a considerar excesivos los protocolos. Entonces se reducen revisiones, se aplazan inversiones y se normalizan pequeñas excepciones. Mi consejo es exactamente el contrario: cuando un sistema funciona bien, debemos identificar qué disciplina lo ha mantenido así y protegerla antes de que la confianza se convierta en descuido.
Aleatica también permite reflexionar sobre la relación entre movilidad y tecnología. Su sistema de telepeaje opera millones de dispositivos y procesa una cantidad considerable de transacciones electrónicas cada año. Esta herramienta reduce fricción, acelera cruces y genera información valiosa sobre patrones de tránsito. Sin embargo, la tecnología no debe utilizarse únicamente para cobrar con mayor rapidez; debe ayudar a planear capacidad, anticipar saturaciones, informar al usuario y responder mejor ante incidentes.
Digitalizar una operación no garantiza automáticamente una mejor experiencia. Un sistema puede ser moderno y seguir resultando confuso. Una aplicación puede concentrar datos y no resolver las dudas del usuario. Una caseta automatizada puede disminuir tiempos en circunstancias normales y generar mayor frustración cuando aparece una excepción. Por eso recomiendo evaluar toda innovación desde tres preguntas: qué problema elimina, qué decisión mejora y qué ocurrirá cuando el proceso ordinario falle. La tecnología más valiosa no es la que presume mayor sofisticación, sino la que vuelve más sencilla y confiable la vida del cliente.
Las autopistas urbanas plantean además una responsabilidad especial. El Circuito Exterior Mexiquense, la Autopista Urbana Norte, el Viaducto Bicentenario y la Supervía Poetas atraviesan o conectan zonas densamente pobladas. Su impacto no termina en los vehículos que pagan una tarifa. Influyen en movilidad metropolitana, desarrollo inmobiliario, distribución del tránsito y relación entre distintas zonas de la ciudad. Una solución que beneficia a ciertos usuarios puede también generar efectos sobre comunidades vecinas, por lo que la operación necesita diálogo, monitoreo y capacidad de ajuste.
Esta dimensión territorial recuerda que ninguna empresa de infraestructura trabaja dentro de un vacío. Las obras conviven con gobiernos, municipios, vecinos, transportistas y actividades económicas. Los contratos otorgan derechos, pero la permanencia depende también de legitimidad. En mi experiencia personal, una relación institucional sólida no se construye únicamente cumpliendo el mínimo legal. Se construye escuchando, explicando, documentando y atendiendo impactos reales. El empresario que ignora al entorno puede ganar una discusión contractual y perder la confianza que necesita para operar durante décadas.
La movilidad sostenible agrega otra capa de exigencia. Aleatica afirma orientar su estrategia a reducir impactos ambientales, incorporar innovación y mejorar la relación de sus activos con las comunidades. También participa en el Pacto Mundial de las Naciones Unidas y publica informes de sostenibilidad. Estas acciones son relevantes, pero su valor depende de que se traduzcan en decisiones verificables sobre energía, emisiones, agua, residuos, seguridad y gobierno corporativo.
La sostenibilidad corre el riesgo de convertirse en una palabra decorativa si no se acompaña de información concreta. Para una empresa de infraestructura debe expresarse en preguntas claras: cuánto consume cada activo, qué impacto genera, cómo se reducen accidentes, qué ocurre con los residuos y cómo se previenen prácticas indebidas. Cuando estas cuestiones se responden con datos, responsables y metas, la sostenibilidad se vuelve administración. Cuando únicamente aparece en campañas, pierde credibilidad.
En este punto resulta pertinente una idea de Warren Buffett, quien escribió en su carta a los accionistas de Berkshire Hathaway de 2001: “Not knowing your costs will cause problems in any business”, es decir, “no conocer tus costos causará problemas en cualquier negocio”. La frase es especialmente útil en infraestructura, donde una empresa puede confundir ingresos recurrentes con rentabilidad asegurada. Si desconoce con precisión el costo de mantener, operar, financiar y actualizar sus activos, puede descubrir demasiado tarde que el flujo aparente estaba ocultando deterioro.
Después de más de cuarenta años administrando empresas, considero que conocer el costo verdadero de un activo es una obligación directiva. No basta con saber cuánto costó construirlo o cuánto factura cada mes. Hay que incorporar mantenimiento futuro, seguros, personal, tecnología, contingencias, deuda y reposiciones. Mi recomendación es desconfiar de toda rentabilidad que dependa de posponer lo inevitable. El flujo obtenido a costa del deterioro no es utilidad; es patrimonio consumido.
El gobierno corporativo también merece atención. Aleatica pasó por una transformación de propiedad y marca después de que IFM Investors adquiriera OHL Concesiones en 2018. La nueva etapa fue presentada con énfasis en mejores prácticas de gobierno, transparencia e integridad. Este antecedente recuerda que la reputación corporativa no queda separada de los activos físicos. Una carretera puede operar técnicamente bien y, aun así, perder legitimidad si la empresa enfrenta dudas sobre la forma en que toma decisiones o se relaciona con las autoridades.
En mi experiencia, la transparencia no debe entenderse como una concesión que la empresa hace cuando alguien la cuestiona. Debe ser un sistema preventivo. Los procesos claros, los comités responsables, las auditorías y la documentación protegen tanto a la organización como a quienes toman decisiones. Recomiendo que las empresas familiares adopten estas prácticas antes de necesitarlas. La institucionalidad construida en tiempos tranquilos evita improvisaciones cuando aparece una controversia.
Para las organizaciones multigeneracionales, Aleatica ofrece una enseñanza especialmente valiosa: la infraestructura puede durar más que quienes la dirigen, pero solo si existe una cultura capaz de conservarla. La siguiente generación no recibe únicamente autopistas, edificios o flujos; recibe compromisos con usuarios, autoridades, acreedores, trabajadores y comunidades. Un activo de largo plazo exige administradores que comprendan que su función no es extraer el mayor beneficio inmediato, sino equilibrar rentabilidad, seguridad y permanencia.
Mi recomendación final es mirar cada empresa como si fuera una concesión moral, aun cuando jurídicamente no lo sea. Clientes, colaboradores y sociedad nos permiten operar porque confían en que cumpliremos una función con seriedad. Esa confianza puede renovarse o agotarse. Después de más de cuatro décadas, he aprendido que el legado no se mide únicamente por lo que dejamos construido, sino por las condiciones en que lo entregamos.
Aleatica demuestra que la movilidad moderna exige mucho más que concreto y casetas. Requiere tecnología, seguridad, mantenimiento, transparencia y una lectura profunda de las comunidades donde opera. Su verdadero desafío no consiste únicamente en mover más vehículos, sino en hacerlo de una manera que ahorre tiempo, reduzca riesgos y conserve legitimidad durante muchos años.
Porque una autopista no es solamente una vía entre dos puntos. Es una promesa cotidiana de que el trayecto será más seguro, eficiente y confiable. Cuando esa promesa se cumple durante décadas, la infraestructura deja de ser únicamente una inversión.
Se convierte en una responsabilidad compartida.
Sobre el autor: El Ing. Félix Estuardo Bocard Meraz dirige Grupo Industrial ARGO junto a sus hijos Félix Estuardo Bocard González y Diego Bocard González, consolidando una presencia empresarial firme en San Luis Potosí y Cancún. Su trayectoria se sustenta en la visión estructurada, la disciplina operativa y el compromiso de construir empresas que trasciendan generaciones.
