En cada aparición oficial, la reina Letizia reafirma que el estilo también es una forma de memoria. Su célebre collar de 37 perlas naturales no solo adorna: habla de legado, sofisticación y continuidad histórica.
La reina Letizia de España es, sin lugar a dudas, una de las figuras más influyentes del escenario internacional en lo que respecta a estilo y presencia institucional. Su capacidad para unir modernidad y tradición la ha consolidado como un ícono silencioso, elegante y estratégico. Cada una de sus elecciones estéticas ya sean vestidos, peinados o accesorios transmite un mensaje deliberado. Ninguna decisión es casual. Y entre todas sus piezas más memorables, hay una joya que sobresale no solo por su belleza, sino por su profundo valor simbólico: el histórico collar de 37 perlas naturales.
Esta pieza, parte del denominado «lote de pasar», fue originalmente heredada de la Reina Victoria Eugenia y está destinada a las reinas consortes de España. Su nombre proviene precisamente del protocolo que rige su cesión: las joyas se «pasan» de una reina a la siguiente, como emblemas de continuidad y permanencia. En este contexto, el collar no es solo una joya antigua: es un eslabón entre generaciones, un testimonio tangible del linaje borbónico y de los valores de la Corona.
Uno de los momentos más recientes y sin duda más comentados en que la reina ha llevado esta joya fue el pasado 8 de julio de 2025, durante la ceremonia de entrega de los Premios de Periodismo ABC: los reconocimientos Marino de Cavia, Luca de Tena y Mingote. Letizia deslumbró con un vestido palabra de honor en tono negro, firmado por la diseñadora Sybilla, cuya sobriedad y estructura moderna servía como lienzo perfecto para resaltar el protagonismo del majestuoso collar. En un contexto en el que el protagonismo estaba centrado en el pensamiento, la palabra escrita y la responsabilidad cívica, Letizia recordó con su atuendo que la estética también es discurso.
Pero esta no ha sido la única ocasión en que ha recurrido a esta pieza. Lo ha lucido en múltiples eventos de alta relevancia institucional, como la Pascua Militar, los Premios Princesa de Asturias o recepciones diplomáticas. Cada vez, su elección resulta deliberadamente coherente: en entornos donde la solemnidad y el sentido de Estado son imprescindibles, la Reina opta por este símbolo de la tradición monárquica española. Y, sin embargo, nunca lo hace de manera rígida o previsible.
Esa es, quizás, la mayor fortaleza de Letizia en materia de estilo: su capacidad para renovar el significado de la herencia sin romper con ella. Al llevar el collar junto con pendientes de perlas australianas de diseño contemporáneo o al combinarlo con broches reinterpretados desde una estética actual, la Reina proyecta una imagen de modernidad con raíces. Es una estrategia de comunicación no verbal que reconoce el pasado, pero se sitúa firmemente en el presente.
La elección de perlas un material históricamente vinculado a la feminidad, la sabiduría y la serenidad refuerza una imagen de poder silencioso. A diferencia de otras gemas más exuberantes, la perla exige una lectura más pausada y profunda. No busca deslumbrar de forma inmediata, sino transmitir permanencia y pureza. Y esa es, precisamente, la esencia del papel que la reina Letizia ha asumido con determinación: el de una figura que lidera desde la discreción, que renueva los códigos sin necesidad de romperlos.
Resulta inevitable establecer un paralelismo entre la manera en que porta esta joya histórica y su papel dentro de la monarquía. Letizia ha sabido dotar de una nueva narrativa al rol de la consorte real en el siglo XXI. Su formación académica, su compromiso con causas sociales, su dominio del lenguaje institucional y su cercanía controlada han redefinido lo que significa representar a la Corona en tiempos de transformación. El collar, en este sentido, actúa como metáfora perfecta: un objeto de siglos que se proyecta hacia el futuro a través de una mujer que entiende que estilo, diplomacia y simbolismo son inseparables.
En un momento en el que la monarquía europea se enfrenta al escrutinio constante de la opinión pública, Letizia ha apostado por una imagen que conjuga rigor con empatía, tradición con sensibilidad moderna. Y cada elección estética especialmente aquellas cargadas de historia como este collar refuerza ese delicado equilibrio. Porque, como bien lo demuestran las grandes figuras del protocolo internacional, el verdadero poder del estilo no está en la ostentación, sino en su capacidad para contar una historia.
Así, las 37 perlas que alguna vez reposaron en el cuello de la Reina Victoria Eugenia, hoy cobran un nuevo sentido al ser llevadas por Letizia. No solo reflejan la luz, sino también una narrativa de continuidad, refinamiento y visión contemporánea. Una declaración silenciosa que confirma que, en manos de la Reina, la elegancia no es accesorio: es legado.
