Jazmín Pech Monge: la voz maya que traduce diversidad, amor e inclusión en Quintana Roo

Desde la profundidad del amor por su lengua materna, su cultura y su identidad, Jazmín Pech Monge, activista, promotora cultural y traductora originaria de Quintana Roo, ha emprendido una cruzada vital: llevar contenido LGBTQ+ e informativo en lengua maya a las comunidades más alejadas del estado, donde la representación y la comprensión de la diversidad aún son limitadas.

Nacida y criada en una región donde conviven los contrastes del turismo internacional con el rezago histórico de los pueblos originarios, Jazmín ha entendido desde joven que hablar maya no es solo un acto cultural, sino también político. Su palabra favorita en el idioma, Yaakunaj (amor), resume la esencia de su trabajo: construir puentes entre la tradición y la inclusión a través del respeto, el conocimiento y la lengua.

Un territorio maya invisibilizado

Jazmín remarca una realidad poco visible: la mayoría asocia Quintana Roo con destinos turísticos como Cancún, Tulum o Playa del Carmen, pero existe una amplia red de comunidades rurales donde se habla exclusivamente maya y la información, especialmente sobre derechos humanos y diversidad sexual, no llega.

“Todo es muy limitado en esas zonas. No se habla español, no hay acceso a internet y la televisión o radio no difunden mensajes que se entiendan en el idioma de la comunidad”, explica. Esa desconexión, sostiene, alimenta la desinformación, la intolerancia y la violencia.

Visibilidad para la diversidad sexual

Desde hace años, Jazmín ha puesto en marcha un proyecto autodidacta y profundamente humano: la traducción de contenidos audiovisuales e informativos al maya, con el objetivo de que jóvenes LGBTQ+ que viven en comunidades originarias puedan verse representados, y también, que sus familias y vecinos comprendan y normalicen la diversidad.

“La gente le teme a lo que no conoce”, afirma. “En las comunidades puede haber una idea muy básica sobre lo que es ser gay. Pero si ven una mujer trans, por ejemplo, la reacción es de rechazo, miedo o burla. Se preguntan si es un hombre disfrazado, si está enferma. Y eso puede acabar en violencia”.

Según la activista, el desconocimiento ha sido un detonante de crímenes de odio en varias comunidades rurales, donde la diversidad aún es interpretada como “una amenaza a las costumbres”. En este contexto, la lengua maya se convierte en herramienta de resistencia y transformación. Traducir al idioma en el que piensan las personas permite que los mensajes lleguen con claridad, con respeto y con poder de empatía.

Cambios lentos, pero firmes

Pese a todo, Jazmín tiene esperanza. Cree en el poder de la educación, la visibilidad y la cultura como motores de cambio. Aunque admite que el avance es “a paso lento”, ha visto cómo las juventudes comienzan a cuestionar las narrativas heredadas, y cómo algunos padres y madres se abren a entender a sus hijas e hijos gracias a los contenidos que ella traduce.

“Las palabras importan. Y cuando esas palabras están en maya, resuenan más profundo. Es una forma de decir: ‘tú también eres parte de esto’”.

Una lucha desde el amor

Para Jazmín, la palabra yaakunaj no es solo amor romántico. Es amor a la vida, a la identidad, al derecho a existir con dignidad. Es la razón por la cual dedica su tiempo a un trabajo silencioso pero de alto impacto: compartir conocimiento, abrir caminos y traducir la inclusión a una lengua milenaria que sigue viva gracias a voces como la suya.

Su labor no solo busca visibilizar las identidades diversas dentro de las comunidades indígenas, sino también reconectar con una idea de futuro donde la tradición y la diversidad puedan coexistir sin miedo, sin violencia y con respeto mutuo.

En un país donde las lenguas originarias siguen siendo relegadas en el debate público, Jazmín Pech Monge es una chispa de transformación. No solo por traducir contenidos al maya, sino por traducir realidades, sueños y derechos que históricamente han sido negados a los pueblos indígenas y a las personas LGBTQ+.

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