Más de 6,500 visitantes se reunieron en la pirámide de El Castillo para presenciar el fenómeno astronómico que honra a la cultura maya.
La zona arqueológica de Chichén Itzá volvió a ser escenario de un espectáculo ancestral que une ciencia, espiritualidad y tradición: el descenso de Kukulcán durante el equinoccio de otoño.
A las 16:51 horas, tras una breve tregua de la llovizna vespertina, la multitud de más de 6,500 visitantes celebró con asombro y regocijo el momento en que la sombra de la serpiente emplumada se proyectó sobre la pirámide de El Castillo, simbolizando la unión del viento, el agua y el sol, de acuerdo con la cosmovisión maya.
El Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del Estado de Yucatán (Cultur), en coordinación con el personal de la zona arqueológica, implementó un operativo especial que garantizó la seguridad y el acceso ordenado de los asistentes. El esfuerzo permitió que la experiencia se viviera en un ambiente de respeto y admiración hacia uno de los patrimonios más importantes de la humanidad.
La asistencia de este año superó en más de 3,000 personas a la registrada en la misma fecha del 2024, lo que confirma el creciente interés mundial por los fenómenos astronómicos vinculados a la cultura maya y refuerza a Chichén Itzá como uno de los destinos culturales más emblemáticos de México y del mundo.
Este fenómeno, que ocurre dos veces al año durante los equinoccios, no solo representa una herencia milenaria, sino que también convierte a Chichén Itzá en un punto de encuentro donde convergen visitantes nacionales e internacionales para celebrar la riqueza cultural y espiritual del pasado.
