CPTQ está posicionando a Quintana Roo como el destino de naturaleza más deseado del mundo.

Pocos lugares en el planeta pueden presumir de una riqueza natural tan deslumbrante como Quintana Roo. Desde los manglares de la laguna Nichupté hasta el arrecife Mesoamericano, pasando por sus selvas tropicales, cenotes de agua cristalina y reservas de la biosfera como Sian Ka’an, el estado es un auténtico paraíso natural. Sin embargo, en un mundo donde cada vez más turistas buscan experiencias auténticas y sostenibles, esta joya caribeña no solo se apoya en su belleza, sino que ha desarrollado una estrategia para liderar el turismo de naturaleza a nivel global.

Al frente de esta visión está Andrés Martínez, director general del Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), quien ha sido clave para articular una narrativa que posiciona al estado como un destino de alto valor ecológico, cultural y económico.

“Quintana Roo es mucho más que playas espectaculares. Somos uno de los territorios más biodiversos de México y del Caribe. Nuestra estrategia es clara: queremos que el viajero que llega aquí viva la naturaleza de forma responsable, respetuosa, conectada con las comunidades locales y con la cultura maya”, señala Martínez.

De sol y playa al turismo de naturaleza

Tradicionalmente, Quintana Roo ha sido sinónimo de sol y playa, con Cancún, Riviera Maya, Tulum y Cozumel como grandes referentes internacionales. Pero el turismo mundial ha cambiado: tras la pandemia, los viajeros buscan destinos que ofrezcan espacios abiertos, contacto con la naturaleza, experiencias sostenibles y un turismo más lento.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el segmento de turismo de naturaleza ha crecido más del 20% en los últimos tres años, y Quintana Roo quiere ser protagonista de esta tendencia.

“Nuestra naturaleza es un activo estratégico. Hoy los viajeros buscan destinos que los inspiren, que les enseñen, que tengan un compromiso real con el medio ambiente”, afirma Andrés Martínez.

Arrecifes, cenotes y reservas: el nuevo atractivo

Uno de los pilares de esta estrategia es el Arrecife Mesoamericano, el segundo más grande del mundo, que recorre más de 1,000 kilómetros frente a la costa de Quintana Roo. Lugares como Puerto Morelos, Mahahual, Banco Chinchorro y Cozumel ofrecen experiencias de buceo y snorkel de clase mundial, además de programas de conservación marina en colaboración con ONG’s y universidades.

A esto se suman los más de 2,500 cenotes distribuidos en la región, algunos abiertos al turismo con programas de bajo impacto, y reservas naturales como Sian Ka’an, Yum Balam o la selva de Kantunilkín, que albergan jaguares, manatíes, flamencos y cientos de especies endémicas.

“Estamos trabajando con operadores locales y comunidades para que el turismo en estos espacios sea sostenible, para que preserve la biodiversidad y genere beneficios reales en la economía local”, dice Martínez.

Turismo rural y comunitario

Otro eje fundamental es el turismo rural y comunitario: experiencias que permiten al visitante conocer la vida de las comunidades mayas, participar en talleres de herbolaria, meliponicultura, cocina ancestral o ceremonia de temazcal.

Proyectos en pueblos como Felipe Carrillo Puerto, Kantunilkín, Chunhuhub o Muyil han logrado integrarse a las rutas turísticas, ofreciendo vivencias genuinas y fomentando el respeto por el patrimonio cultural.

“El turismo de naturaleza no puede ser extractivo. Queremos que sea regenerativo, que beneficie a las comunidades, que fortalezca la identidad cultural”, subraya Andrés Martínez.

La marca: El Caribe Mexicano Natural

A través de campañas digitales, alianzas con influencers especializados en naturaleza, colaboración con medios internacionales y presencia en ferias globales de turismo sostenible, el CPTQ ha consolidado la marca El Caribe Mexicano Natural, con la que promueve este enfoque.

En 2024, Quintana Roo recibió más de 1.5 millones de turistas que realizaron actividades de naturaleza (fuera del turismo de playa), una cifra que creció 18% respecto al año anterior.

Además, los visitantes que buscan experiencias de naturaleza suelen tener un mayor gasto promedio, estancias más largas y una actitud más respetuosa hacia el medio ambiente.

Retos y futuro

El camino, sin embargo, no está exento de retos: la presión sobre los recursos naturales, la necesidad de mejorar la gestión de residuos en zonas rurales, la capacitación continua a los operadores turísticos y la mitigación del cambio climático son prioridades en la agenda.

“Estamos conscientes de los desafíos. Por eso, trabajamos en conjunto con el gobierno estatal, el sector privado, las comunidades y organizaciones internacionales para que el desarrollo turístico sea verdaderamente sostenible”, asegura Andrés Martínez.

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